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La desaparición de las abejas es ya un problema mundial y en España está particularmente desbocado, al detectarse que el 75% de nuestras colmenas estarían afectadas. La mortalidad dentro de las colmenas españolas es un mal estructural que supone, por el momento, la eliminación de entre el 25% y el 30% de las abejas. Las salud de las abejas se ha considerado tradicionalmente como un buen termómetro para medir el estado general de nuestro medio ambiente.

El dato abruma todavía más si se lo compara con el registrado durante el estudio previo, realizado entre 2006 y 2007, que mostró que el 45% de las colmenas españolas estaban contaminadas. En España, fue a partir de 2005 cuando los apicultores comenzaron a dar noticia del síndrome del despoblamiento de las colmenas, que es como se ha denominado al fenómeno de la muerte de abejas sin una causa directa aparente y que tanta alarma ha generado. El trabajo de polinización de las abejas es fundamental tanto en los campos de cultivo como para mantener el equilibrio de los ecosistemas.

Una de las principales hipótesis explicativas para abordar este dramático fenómeno es la ingestión de proteínas genéticamente modificadas por parte de las abejas. La pérdida progresiva de sus fuentes naturales de alimentación, la pobreza nutricional e insalubridad de las que quedan disponibles y el uso de pesticidas industriales, hace a las abejas cada vez más débiles y vulnerables a enfermedades parasitarias.

La falta de polinización podrá causar un efecto inmediato sobre la reproducción de numerosas especies frutales silvestres y, consecuentemente, un efecto en cascada sobre ecosistemas completos que repercutirán en último extremo en nuestras propias cadenas tróficas y en la disponibilidad de una gran variedad de alimentos habituales.

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