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sábado


Las ciudades son espacios que se encuentran en constante y frenético crecimiento. Conforme estas se expanden van absorbiendo valiosas tierras dedicadas a las cuestiones agrícolas, debido a la necesidad de espacios para la construcción de industrias, infraestructuras y sobre todo, de lugares donde vivir para la creciente población. De esta manera las zonas de producción de alimentos frescos esta disminuyendo a un ritmo acelerado.

Según estimaciones realizadas por la FAO, se espera que para el año 2020 un 45 por ciento de la población urbana viva en la pobreza, lo que representaría unos 1400 millones de personas. Se cree que para entonces cerca del 85 por ciento de la población en situación de pobreza de América Latina y casi el 50 por ciento de la de África y Asia se concentrarán en los centros urbanos. Esto provocará que las ciudades se degraden y empobrezcan, habiendo probablemente numerosos sectores de la población socialmente excluidos.

miércoles


Que la producción de vegetales está volviendo a las ciudades no es novedad hace bastante tiempo, ya se están implementando huertas urbanas en el medio de Berlín, en Nueva York y varios proyectos de granjas verticales en desarrollo lo confirman. Pero, la fusión o re-acercamiento del campo con la ciudad no es algo tan sencillo. Desde el análisis acerca del uso del espacio público hasta el realismo sobre la cantidad de alimentos que se pueden producir, hay diversos temas que es importante discutir y pensar.

Existen algunos puntos a considerar:

domingo



El problema es que el romanticismo que nos lleva a desear volver a la naturaleza y a vivir en el campo no necesariamente nos conduce a una mejora de la situación medioambiental de nuestro planeta. Por mucho que se empeñen algunos por idealizar los campos y demonizar las ciudades, en general, vivir en el campo implica más desplazamientos (y por tanto más gasto de energía en transporte), más gasto energético en calefacción, al estar las viviendas más dispersas, y más consumo de energía en la construcción, por la misma razón.

Por supuesto, puede haber excepciones, y al final todo depende mucho de cómo se construya y de cómo se viva. De hecho, muchas veces el romanticismo nos lleva a tratar de ver de color de rosa la opción de vivir en el campo: defendemos que vamos a minimizar los desplazamientos y teletrabajar.


Que la producción de vegetales está volviendo a las ciudades no es novedad: huertas urbanas en el medio de Berlín, en Nueva York y varios proyectos de granjas verticalesen desarrollo lo confirman.

Sin embargo, la fusión o re-acercamiento del campo con la ciudad no es algo tan sencillo. Desde el análisis acerca del uso del espacio público hasta el realismo sobre la cantidad de alimentos que se pueden producir, hay diversos temas que es importante discutir y pensar.

miércoles


Ya no basta con la pequeña huerta en el jardín trasero, en la maceta o en la plaza pública. Para los neoyorquinos la idea de tener comida a precios competitivos, sabrosa y libre de pesticidas en sus mesas, instaló la necesidad de algo mucho más grande. Algo que hoy vemos en las azoteas de sus edificios y rascacielos y que llamaron granjas urbanas.

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